¿Sacerdotes pederastas? Así eran castigados según este Santo y Doctor de la Iglesia

Los casos de sacerdotes católicos que cometen abusos sexuales son una vergüenza y un escándalo para la Iglesia. Ellos y quienes los encubren merecen ser castigados con todo el peso de la ley; por eso, la Iglesia tiene una política de tolerancia cero ante estos casos.

Lo que no muchos saben es que en la antigüedad era la misma Iglesia quien castigaba con gran severidad a estos traidores de su ministerio. Por ejemplo, el doctor de la Iglesia San Basilio el Grande describió en el siglo IV cómo eran castigados los sacerdotes que cometían o intentaban cometer algún abuso sexual:

“Cualquier clérigo o monje que seduzca a hombres o niños jóvenes, o que sea descubierto en un beso o en cualquier situación vergonzosa, será azotado públicamente y perderá su tonsura clerical. Así trasquilado, será deshonrado escupiéndole en la cara, atado en cadenas de hierro, desperdiciado por seis meses de encierro cerrado, y durante tres días cada semana se le dará un pan de cebada para la noche. Después de este período, pasará otros seis meses viviendo en un pequeño patio segregado bajo la custodia de un anciano espiritual, estará ocupado en trabajos manuales y oración, será sometido a vigilias y oraciones, se verá obligado a caminar en todo momento en compañía de dos hermanos espirituales, y nunca más se les permitirá asociarse con hombres jóvenes”.

Tal vez para algunos este tipo de castigo pueda parecer algo salvaje, pero tomando en cuenta la mentalidad de la época y la gravedad del delito cometido, en aquel tiempo tenía mucho sentido.

Otro testimonio interesante es el de San Pedro Damián, también doctor de la Iglesia, quien allá por el siglo XI escribió una carta a la jerarquía de la Iglesia pidiéndoles que tomaran fuertes medidas contra los curas violadores:

“Escuchen, y aunque estén seguros de ustedes mismos, tiemblen ante la idea de que son compañeros en la culpa de aquellos; esos, quiero decir, que hacen un guiño a los pecados de sus súbditos que necesitan corrección y que mediante un silencio poco meditado les dan licencia para pecar. Escuchen, les digo, y sean lo suficientemente astutos como para comprender que todos ustedes por igual merecen la muerte, es decir, no solo aquellos que hacen tales cosas, sino también aquellos que aprueban sus prácticas“.

¿Qué opinas de las recomendaciones de estos santos? ¿Exageraban o su ira estaba justificada?