3 características que debe tener un Canto apto para la Santa Misa

Mi primer acercamiento a la Iglesia (al menos por voluntad propia) fue a través del coro de mi parroquia. Allí mi guitarra y yo pasamos 5 maravillosos años hasta que el coro se disolvió y decidí formar mi propio “ministerio” de música. Pero quería hacerlo bien, así que decidí investigar lo que la Iglesia enseñaba sobre la liturgia y la música ¡y descubrí que durante 5 años lo estuve haciendo todo mal!

Descubrí que el papa San Pío X, en su motu proprio Tra le sollecitudici nos recordaba que la Música apta para la celebración de la Santa Misa (Música Litúrgica) debe tener 3 características fundamentales: santidad, belleza y universalidad.

1) Santidad

San Pío X explicaba que  la música litúrgica “debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes”.

¿Qué entendemos por profano? 

La palabra profano no significa algo necesariamente malo. Es simplemente el antónimo de sagrado. Algo profano es algo cuyo origen no es sagrado o no tiene relación con lo sagrado. Cuando San Pío X nos dice que la música litúrgica debe excluir todo lo profano, nos pide que tanto en su forma como en su interpretación no sea una copia de lo que musicalmente nos ofrece el mundo. No es que lo que nos ofrezca el mundo (salsa, merengue, bachata, cumbia, etc) sea malo; simplemente no es sagrado y no debería tener lugar en Misa.

Cuando me enteré de eso casi me caigo de espaldas. En aquellos 5 años en los que participé en el coro de mi parroquia, nuestro paradigma de cómo deberíamos sonar era Kudai!!!!

2) Belleza

Al respecto San Pío X nos dice que la música litúrgica ha de ser  buena música, según las posibilidades; debe tener arte verdadero, porque no es posible de otro modo que tenga sobre el ánimo de quien la oye aquella virtud que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos.

Este punto es muy importante. Cuando la Iglesia habla de belleza no lo hace en función de la subjetividad de cada ser humano (Ya ven que hay gente que cree que la música de Arjona es bella :v ), lo hacen en función de lo que produce en quien lo oye. Esta belleza debe ayudar a los fieles a sentirse más partícipes del sacrificio que ocurre en cada Santa Misa.

Y ahí me ven enterándome de todo esto cuando durante tanto tiempo creí que mientras más alegre era nuestra música, era mejor.

3) Universalidad

“Aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, éste debe estar de tal modo subordinado a los caracteres de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena. San Pío X.

Creo que es bastante claro. La Iglesia admite la llamada inculturación litúrgica, la cual consiste en tomar elementos de cada cultura para adaptarlas a la liturgia. Sin embargo, la Iglesia al mismo tiempo que nos permite eso, también nos pide que dicha inculturación se haga de tal modo que cualquier ser humano, independientemente de su país de procedencia, no la sienta extraña.

¡Tío Memes, todo eso lo dijo San Pío X hace más de 100 años!  ¡El Concilio Vaticano II ya cambió todo y ahora podemos usar cumbiones!

Lamento informarte que no. A pesar de que dicho documento fue escrito hace más de 100 años, Tra le sollecitudici sigue estando vigente. Tanto es así que el propio San Juan Pablo II (a quien nadie puede acusar de anticuado) habló sobre este documento en su famoso Quirógrafo. Allí el Papa peregrino nos recordaba lo siguiente:

“De acuerdo con las enseñanzas de san Pío X y del concilio Vaticano II, es preciso ante todo subrayar que la música destinada a los ritos sagrados debe tener como punto de referencia la santidad: De hecho, la música sagrada será tanto más santa cuanto más estrechamente esté vinculada a la acción litúrgica. Precisamente por eso, no todo lo que está fuera del templo (profanum) es apto indistintamente para franquear sus umbrales“. San Juan Pablo II.

Espero que esta información te sea útil. Dios te bendiga.