Un millonario muere y llega al cielo. Ahí lo recibe San Pedro y le encomienda a un ángel que le enseñe su nuevo hogar, el tipo emocionado se pregunta cómo será, será una mansión de lujo o un palacio ya que, en el cielo no podría haber pobreza.

Pasaron por un palacio bellísimo, con columnas de oro, adornado con diamantes, digno de un rey. El hombre emocionado le pregunta al ángel:
– ¿Aquí voy a vivir?

Y el ángel contesta:

– No, más adelante.

El tipo ya extrañado siguió el camino y vio una casa mediana con jardín y bastante bonita y pensó, bueno al menos es cómoda y dijo:

– ¿Ángel, viviré aquí?

El ángel le dijo:

– No, más adelante.

Y el tipo ya decepcionado siguió y más adelante vio una casita pequeña, dos habitaciones sin jardín pero habitable y le preguntó:

– ¿Ángel, es aquí?

Y el ángel responde:

– No, más adelante.

Siguieron su camino y luego vieron una casita de lodo y varas, un solo cuarto, cocina con leña, pequeñita casi inhabitable y asustado pregunta:

– ¿Ángel, aquí?

El ángel contesta:

– No, ya casi llegamos.

El hombre muy asustado lo siguió y al final de la calle ven un pequeño espacio con cuatro palos y un techo de ramas, sin paredes y el piso era el suelo simplemente y el hombre preguntó:

– Ángel, ¿No me digas que aquí voy a vivir?

Y el ángel contestó:

– Pues sí, hermano. Es que con las limosnas que dabas cuando ibas a Misa pues nada más alcanzó para esto.

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