¿Confesarme yo? ¡Para qué!

Uno de los sacramentos más hermosos es el de la confesión. La posibilidad de ser perdonado al instante y por todo -o casi- es una maravilla para una criatura tan débil y pecadora como nosotros. Es maravilloso pensar en que nuestro Señor no olvidó nada; sabía que a pesar de que nosotros supiéramos de su sacrificio, igual le seguiríamos fallando y ofendiendo con nuestros pecados, por eso creó el maravilloso sacramento de la confesión para que podamos volver a él arrepentidos tantas veces como sean necesarias.

Entonces, no cabe en mi cabeza que hayan tantas personas que encuentren un “pero” para recibir este regalo. Es como si alguien con los dientes picados se quejara de la existencia de dentistas o alguien, o alguien que suele usar mucho la computadora estuviera en desacuerdo con la existencias de antivirus. Así de extraño es que nosotros, pobres pecadores, le encontremos peros a la existencia de un sacramento que nos devuelve la amistad con Dios.



En este video nuestro hermano de Cataeko nos cuenta de 5 Tipos de católicos que no se confiesan… ¿Eres uno de ellos?