Cuando la Virgen María profetizó peleas entre obispos y cardenales

No cabe duda que la Iglesia Católica pasa por una grave crisis que es motivo de escándalo en todo el mundo. Ahora no solo son los casos de abusos y encubrimientos cometidos por algunos miembro del clero, sino también las cada vez más evidentes peleas y golpes bajos entre obispos y cardenales. ¡Un desorden absoluto! Por eso, no son pocos los que en estos días recuerdan las proféticas palabras de la Virgen María en Akita: “se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos”. ¿Tendrá relación con lo que hoy estamos viendo?

Virgen de Akita.

Las apariciones de la Virgen María en Akita

El 12 de Junio de 1973 la hermana Agnes Sasagawa oraba en su convento en Akita, Japón cuando observó rayos brillantes que emanaban del tabernáculo. El mismo milagro se repitió los próximos dos días.

A los pocos días, una llaga en forma de cruz apareció en la palma de la mano izquierda de Sor Agnes. Sangraba profusamente y le causaba gran dolor.

También, mientras rezaba, Sor Agnes escuchó una voz procedente de la estatua de la Virgen María que está en la capilla. Era el primer mensaje.

El mismo día, algunas hermanas descubrieron gotas de sangre que fluían de la mano derecha de la estatua. Este flujo de sangre se repitió cuatro veces. La llaga en la mano de la estatua permaneció hasta el 29 de septiembre. Pero ese mismo día, la estatua comenzó a “sudar”, especialmente por la frente y el cuello.

Finalmente, el 3 de agosto de 1973, Sor Agnes recibió un segundo mensaje y el 13 de octubre del mismo año, el tercero y último.



El impresionante tercer mensaje: cardenales contra cardenales, obispos contra obispos

Como no es el objeto de este artículo el analizar todos los mensajes de la Virgen en Akita, nos centraremos en el tercer y último de ellos.

El 13 de octubre de 1973, la Virgen María apareció ante Sor Agnes y le dijo:

“Mi querida hija, escucha bien lo que tengo que decirte. Tu informarás a tu superior.”

Después de un corto silencio, continuó:

“Como te dije, si los hombres no se arrepienten y se mejoran, el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes. Fuego caerá del cielo y eliminará a gran parte de la humanidad, tanto a los buenos como a los malos, sin hacer excepción de sacerdotes ni fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que les quedarán serán el rosario y la señal dejada por mi Hijo. Cada día recita las oraciones del rosario. Con el rosario, reza por el Papa, los obispos y los sacerdotes.

La obra del demonio infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneran serán despreciados y encontrarán oposición de sus compañeros…iglesias y altares saqueados; la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan componendas y el demonio presionará a muchos sacerdotes y almas consagradas a dejar el servicio del Señor.

El demonio será especialmente implacable contra las almas consagradas a Dios. Pensar en la pérdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y gravedad, no habrá ya perdón para ellos.

Con valentía, habla con tu superior. El sabrá como dar a cada uno valor para rezar y lograr obras de reparación”.

¿Tiene esto alguna relación con lo que vemos hoy?

Pues es bastante difícil de asegurarlo. Pero si la situación que hoy vivimos nos trae a la memoria estas palabras de la santísima Virgen María, aprovechemos para tener muy en cuenta lo que ella siempre nos ha pedido: arrepentimiento y conversión.

Pidamos por nuestra conversión y por la de todos aquellos que voluntaria o involuntariamente están dañando a la Iglesia.