Ella es Evangélica y yo Católico: 4 complicaciones de los noviazgos mixtos (y 1 solución)

¿Te gusta alguien y tienes miedo de comenzar una relación sentimental porque ambos son de distintas religiones?

Para muchos esta puede resultar una pregunta innecesaria. Te dirán “lo importante es el amor”, “si en verdad se aman deben aceptar sus diferencias”, “la religión es lo de menos cuando en verdad hay amor”. Si tu eres de los que piensan que la religión es solo una etapa de tu vida, algo solo para pasar el rato con los amigos del grupo parroquial, un pretexto para hacer vida social en los bingos o solo un conjunto de ideas que puedes olvidar cuando te encuentras con tus amigas feministas, entonces este post no es para ti. Esto es para aquellos que consideran que la fe es lo más importante en sus vidas y quieren hacer las cosas bien también en el noviazgo.

Escribo este post no solo para comentarte las complicaciones de las relaciones sentimentales mixtas, sino también para darte algunos tips para encontrar una solución.

Ella es Evangélica y yo Católico: 5 complicaciones de los noviazgos mixtos:

1) Ir a cultos distintos

Para un evangélico recibir una buena prédica en comunidad es el momento más importante de su semana. Para un católico, lo más importante es asistir a la Santa Misa y nutrirse del Cuerpo y Sangre de Cristo. Vivir cultos separados hace que pierdan la hermosa experiencia de adorar juntos a Dios. Para el católico ningún culto, evento o concierto evangélico tendrá el valor de una Santa Misa; y para una evangélica la Misa solo es una obra de teatro donde no hay nada sobrenatural. La consciencia de eso es dolorosa y puede resultar frustrante para ambos.

2) El futuro

Un noviazgo exitoso tiene un solo fin: el matrimonio. Y el matrimonio, desde una perspectiva cristiana, no es el “y vivieron felices para siempre” de los cuentos de hada. El matrimonio es una vocación en la cual ambos esposos se esfuerzan por la santificación de los dos. ¿Imaginas lo complicado que debe ser cooperar con la santidad de tu pareja cuando ni siquiera entienden la santidad de la misma manera?



3) No compartir momentos importantes

Los católicos disfrutamos de manera especial y sobrenatural muchos momentos relacionados con nuestra fe: un bautizo, una primera comunión, una ordenación sacerdotal, la visita del papa, un cónclave, etc. ¡qué hermoso es compartir esos momentos en pareja! Pero cuando para la pareja no son tan importantes, sino irrelevantes ¿será igual de hermoso? Lo mismo se puede decir del lado evangélico.

4) Los suegros

Si eres un católico comprometido y tu novia es una evangélica comprometida, hija de evangélicos comprometidos…. ¡tendrás los suegros más incómodos del planeta! Y no es que sean mala onda. Desde la perspectiva de ellos, tú eres para su hija una piedra de tropiezo, un idólatra, un hijo de la r*mera del Apocalipsis, un esclavo del Papa, un encubridor de pederastas, etc etc etc. Ya es bastante difícil ganarse a un suegro cualquiera, imagina a uno que ya tiene todos esos prejuicios contra ti.

La solución

Terminen esa relación… ok no :v

Ambos deben ser realistas: no es posible que ambos tengan la razón en cuanto a su fe. O se equivoca la novia, o se equivoca el novio, o de plano ambos están equivocados. Si ambos en verdad quieren ser santos ¿serán felices creyendo estar en lo correcto mientras tienen la seguridad que su pareja está en el error? Eso es bastante difícil. Por eso la solución que les propongo es un reto: si en verdad se aman, inicien juntos un camino de búsqueda sincera de la verdad. No es tan complejo como parece y puede que hasta sea divertido. Tengan la seguridad de que Dios se alegra al ver que una pareja lo busca con sincero corazón ¡Si lo buscan, Él se deja encontrar!

Sean creativos. Visiten pastores evangélicos, sacerdotes, lean juntos la Biblia, busquen artículos de apologética y estúdienlos juntos, vean testimonios de conversión y analicen las razones. Toda esa búsqueda acompañada de mucha oración (si oran juntos, mucho mejor), los hará tomar una buena decisión. Ánimo, todo el esfuerzo al final valdrá la pena.

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