¿Halloween tiene origen cristiano? SÍ, pero…

Esta semana trataremos de poner un poco de luz al revuelto y tenebroso asunto de Halloween.

Para entender esta fiesta, debemos remontarnos los antiguos pobladores de Europa Oriental antes de la llegada del Imperio Romano: los celtas.

La religión de este pueblo era el druidismo (por el nombre que daban a sus sacerdotes, los druidas). No sabemos mucho sobre su religión. Los pocos datos que tenemos son que adoraban a los árboles (especialmente al roble) y que creían en la inmortalidad del alma. Respecto a sus fiestas, a penas se tiene conocimiento de tres de ellas, de las cuales, la más importante es la fiesta de “Samagin” o “Samhain”.

Las festividades del Samhain se celebraban muy posiblemente entre el 5 y el 7 de Noviembre, coincidiendo con el otoño (la caída de las hojas), por lo que era el día de la adoración al “señor de la muerte”, a quien invocaban para consultarle sobre el futuro, salud, prosperidad… Además, creían que esa noche los muertos podían volver a su antiguo hogar a pedir comida a sus moradores, quienes estaban obligados a entregársela.

Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, la cercanía cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los difuntos, hizo que se mezclara, manteniéndose así el miedo ante las antiguas supersticiones.

Años después, algunos inmigrantes irlandeses introdujeron Halloween en los Estados Unidos, donde llegó a ser parte del folclor popular. Se le añadieron diversos elementos paganos tomados de los diferentes grupos de inmigrantes hasta llegar a incluir la creencia en brujas, fantasmas, duendes, drácula y monstruos de toda especie. Desde ahí, se ha propagado por todo el mundo.

Por otro lado, no debemos olvidar que ésta fecha es la más importante del calendario satánico

El festival a “Samhain” (llamado hoy en día el “festival de la muerte”) es reconocido por todos los satanistas, ocultistas y espiritistas como víspera del año nuevo para la brujería, y para ella se preparan con 40 días plagados de rituales, misas negras y sacrificios. Tienen la firme creencia de que en esta fecha los poderes satánicos, ocultos y de brujería están en su nivel de potencia más alto, pues esa noche es el principio de todo lo que es “frío, oscuro y muerto”.

Los símbolos típicos de esta fiesta no dejan de tener su propio sentido dentro de este ambiente tenebroso.

Los gatos negros son la reencarnación de los difuntos malvados, los murciélagos representan la comunicación con los muertos, representados a su vez por fantasmas y esqueletos. La calabaza iluminada pertenece a una antigua leyenda irlandesa, y sería la cara de un tal Jack O’Lantern que intentó engañar al mismo diablo y fue condenado al infierno, pero en esa noche sale a asustar a quien no esté protegido por esta peculiar lámpara. Finalmente, la tadición del “truco o trato” tiene su origen en la persecución que hicieron los protestantes en Inglaterra contra los católicos. Algunos católicos quisieron terminar con la persecución asesinando al rey. El complot fue descubierto, convirtiéndose en fiesta para los protestantes, que visitaron a los católicos de la localidad exigiéndoles con amenazas cerveza y comida para su celebración. La fecha se conmemoraba todos los años con el mismo procedimiento.

Y todos estos elementos se fueron mezclando… hasta dar lugar al Halloween que conocemos hoy. Así podemos entender la preocupación de la Iglesia ante la expansión de esta fiesta.

Según el Catecismo, “todas las formas de adivinación deben rechazarse” (nº 2116) “todas las prácticas de magia o hechicería son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (nº 2117). O, en otras palabras, ‘participar’ significa ‘ser parte de’, por lo que ser parte de esta fiesta supone ir en contra del primer mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.

Recientemente, la Conferencia Episcopal Española advirtió que Halloween “no es una fiesta inocente”, porque “tiene un trasfondo de ocultismo y de anticristianismo”.

¿Y qué peligro puede haber para los católicos que no lo celebramos?

Precisamente ése. Al estar rodeados de tantos elementos oscuros, todo invita… a hablar del demonio. O, dicho de otro modo, “cada minuto que dedicas a hablar del Maligno es un minuto que pierdes de hablar de Cristo”. ¿Y tú? ¿A quién sirves? ¿A quién darás culto con tu palabra?

Entonces ¿Halloween tiene origen cristiano? ¿Sí o no?

Sí. El nombre de Halloween es una contracción de “All Hallows’ Evening” (víspera de Todos los Santos).

El origen de esta fiesta de la Iglesia se remonta a los primeros años del cristianismo.

Con las numerosas persecuciones que sufrió la Iglesia naciente, el número de mártires crecía sin cesar. Estos mártires eran honrados en días festivos especiales. A ellos se fueron añadiendo otros santos, los “confesores” (cualquier santo que no fuera mártir). Así la lista fue aumentando… hasta que se agotaron los días del calendario. La primera noticia que tenemos de una celebración común de todos los santos data del año 411.

Respecto a la fecha del 1 de noviembre, quedó fijada por el papa Gregorio III, que, en el año 732, consagró una capilla en la basílica de San Pedro dedicada a todos los santos. Un siglo después, Gregorio IV hizo extensiva la celebración a la Iglesia Universal.

Era una fiesta tan importante que contaba con una vigilia (comenzaba la tarde anterior; es decir, el 31 de octubre) y una octava (una semana entera de festividades a partir de la fecha). Ambas quedaron suprimidas en 1955.

En este día, la Iglesia conmemora «la gran multitud que nadie podría contar» (Ap 7, 9) de santos, y nos recuerda que todos los bautizados estamos llamados a la plenitud del amor y de la santidad. Sin embargo, es evidente que Halloween, manteniendo el nombre cristiano frente a “Samhain”, ha perdido por completo el sentido que tuvo en la Iglesia.

Y por supuesto que hay alternativas. En numerosas parroquias se organiza la fiesta de “Holy wins” (‘La santidad vence’) en que se invita a los niños a disfrazarse de santos, aprender su historia… Por otro lado, en algunos países se invita a los católicos a usar ese día una prenda de ropa blanca, símbolo de la resurrección de Cristo, vencedor del mal y de la muerte. Y a todos se nos invita a dar gracias por esta “multitud de testigos” que ya han llegado a Casa.

«Pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Nosotros, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación.» (1 Ts 5, 5. 8)

Fuente: Dominicas de Lerma