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¿Jesús era socialista? (No leas esto frente a tu primo de izquierda)

Ya es común que dentro de la misma Iglesia haya confusiones acerca de cuál es la postura correcta en ciertos temas políticos. Un ejemplo de eso es que haya quienes se llaman a sí mismos “católicos” pero que comulgan con las ideologías socialistas-comunistas. Y no se diga de los católicos que comulgan con el liberalismo, pero de eso hablaremos después. Por el momento nos enfocaremos en estas afirmaciones que se escuchan ya repetidas veces: “Jesús era socialista porque decía que hay que repartir las riquezas entre los pobres”, “la primera comunidad cristiana era socialista porque repartían sus bienes entre quienes más necesitaban”.

En un artículo pasado de esta página se mencionaba la condena de la Iglesia al socialismo-comunismo, ante esto surgieron muchas respuestas de distintas posturas. Lo lamentable fue ver comentarios como los que acabamos de mencionar arriba:

Muy bien, vamos por pasos. Vemos que hay muchas personas que asocian o ven igual el preocuparse por los pobres y el ser socialistas. Pensando así, estas personas concluyen que si el Papa se preocupa por los pobres entonces es un socialista, si Jesús se preocupa por los pobres entonces es un socialista. Pero ¿es correcta esta forma de ver las cosas? Creemos que no y explicaremos por qué.

Primero que nada, desmentir una falsa dicotomía

“Si estás en contra del socialismo entonces estás a favor del capitalismo”, responden muchos haciendo una falacia de falsa dicotomía. La Iglesia condena el socialismo-comunismo pero también condena la mala práctica del capitalismo:
“La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al “comunismo” o “socialismo”. Por otra parte, ha rechazado en la práctica del “capitalismo” el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano (cf CA 10. 13. 44). La regulación de la economía por la sola planificación centralizada pervierte en su base los vínculos sociales; su regulación únicamente por la ley de mercado quebranta la justicia social, porque “existen numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado” (CA 34). Es preciso promover una regulación razonable del mercado y de las iniciativas económicas, según una justa jerarquía de valores y con vistas al bien común.” (Catecismo de la Iglesia Católica, Numeral 2425).

Caridad con los necesitados sí, socialismo no

Las razones por la que la Iglesia condena el socialismo-comunismo según la encíclica “Divini Redemptoris” de Pío XI son:

-“Encierra en sí mismo una idea de aparente redención. Un seudo ideal de justicia, de igualdad y de fraternidad en el trabajo satura toda su doctrina y toda su actividad con un cierto misticismo falso, que a las masas halagadas por falaces promesas comunica un ímpetu y tu entusiasmo contagiosos, especialmente en un tiempo como el nuestro, en el que por la defectuosa distribución de los bienes de este mundo se ha producido una miseria general hasta ahora desconocida.”

-“Esta doctrina enseña que sólo existe una realidad, la materia, con sus fuerzas ciegas, la cual, por evolución, llega a ser planta, animal, hombre. La sociedad humana, por su parte , no es más que una apariencia y una forma de la materia, que evoluciona del modo dicho y que por ineluctable necesidad tiende, en un perpetuo conflicto de fuerzas, hacia la síntesis final: una sociedad sin clases. En esta doctrina, como es evidente, no queda lugar ninguno para la idea de Dios, no existe diferencia entre el espíritu y la materia ni entre el cuerpo y el alma: no existe una vida del alma posterior a la muerte, ni hay, por consiguiente, esperanza alguna en una vida futura.”

-“El comunismo, además, despoja al hombre de su libertad, principio normativo de su conducta moral, y suprime en la persona humana toda dignidad y todo freno moral eficaz contra el asalto de los estímulos ciegos. Al ser la persona humana, en el comunismo, una simple ruedecilla del engranaje total, niegan al individuo, para atribuirlos a la colectividad, todos los derechos naturales propios de la personalidad humana.”

En resumen: La Iglesia condena el socialismo-comunismo por ofrecer una redención aparente, ya que la necesidad de redención del hombre es espiritual, no material. La Iglesia condena el socialismo-comunismo por enseñar que sólo existe la materia, es decir, porque su ideología es esencialmente atea. La Iglesia condena el socialismo-comunismo porque despoja al hombre de su libertad y de otros derechos para atribuirlos a la colectividad.

Ahora bien ¿Jesús predicaba lo que acabamos de mencionar anteriormente? No. Jesús sabía que el problema del hombre es espiritual, es el pecado no las clases sociales. Jesús se proclamaba a sí mismo como el Dios verdadero. Jesús no negaba el derecho a la propiedad privada sino la mala práctica de este derecho, es decir, el apego y la acumulación de riquezas mientras otros carecen de lo esencial. Jesús predicaba un desprendimiento de lo material para dar prioridad a lo espiritual mientras que el comunismo parece predicar que lo único que importa es lo material.

Para el socialismo-comunismo el fin justifica los medios. Para Jesús y el cristianismo tanto el fin como los medios deben ser buenos.

Jesús nos llama a ayudar a los pobres, tanto así que dice que en el pobre está Él mismo.

Ya vistas las razones por las que la Iglesia rechaza el socialismo-comunismo se hace evidente que la razón por la cual Jesús le pide al joven rico que reparta su dinero a los pobres es muy distinta que la razón que tiene el socialismo para suprimir las clases sociales.

Conclusión

Creer que el gran problema del hombre son las clases sociales y querer colectivizar lo que le pertenece al individuo intrínsecamente, es ser socialista.

Ser desprendidos y dar a los necesitados sabiendo que el hombre tiene una necesidad aún más grande que es Dios, no es ser socialista sino ser cristiano.

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