La batalla entre Lucifer y San Miguel Arcángel, según exorcista Fortea

Hoy les comparto cómo fue es la lucha entre Lucifer y San Miguel arcángel tal y como lo relata el exorcista Fortea en su libro “Historia del mundo angélico”. ¡Es un relato impresionante!

La batalla entre Lucifer y San Miguel Arcángel, según exorcista Fortea

“Lucifer, el Teólogo, el Sabio, volvió su rostro hacia los ángeles. No os dais cuenta de que esto no puede ser. De que Dios no nos puede pedir un sinsentido. No sois vosotros los que os tenéis que violentar para aceptar lo inaceptable. Es Dios quien ha hecho algo incorrecto. Y nuestro gran teólogo nos habló con un discurso de una insuperable sutileza. Sus argumentos estaban dotados de la capacidad de hechizar. Pero no porque hubiera magia en ellos, no. La única magia presente era la de una formidable inteligencia. Ante el discurso rebelde de Satanás, la masa de oyentes había quedado atónita, y por tanto silenciosa. Y, entonces, en mitad del estupor que embargó todo el Cielo ante ese primer discurso Lucifer, se escuchó su rotunda afirmación: ¡Quién como Dios!

Su afirmación fue como un puñetazo en mitad de la mesa. Y la repitió por segunda vez con tal gallardía, que sus palabras valieron por un discurso. Fue como un grito que despertó a todos. Su exclamación para muchos fue más convincente que todas las razones del Rebelde.

Y así, él, el pequeño Miguel, se plantó justo ante Lucifer y le dijo a la cara: ¡eres un soberbio! En un primer momento, cuando Lucifer todavía era respetado, cuando estaba en la cima de su honor, nadie se hubiera atrevido a hacer eso. Pero él era impávido y las palabras de Miguel poseían tal convicción, que hirieron profundamente a Lucifer. Para él fue tan doloroso, que tuvo que volver sus espaldas ante Miguel y retirarse. Lucifer lloró de rabia, pero no lo pudo resistir.

Hubo exclamaciones en todo el mundo angélico. Unas de incredulidad, otras airadas. En el tiempo personal de cada ángel, Lucifer debió llorar durante horas. Pero en nuestro tiempo general, regresó Lucifer pronto. Lucifer se había rehecho, el combate comenzaba. Algunos le miraron con admiración en cuanto volvió a aparecer. La admiración hacia el caudillo había surgido. Y aunque voces sueltas se pusieron frente a Lucifer, él siguió su razonamiento. Hablaba como un maestro, había seguridad en su voz, daba razones. Detrás lo que había era resentimiento. Pero no mostró ni un ápice de esa secreta amargura. Ni él mismo era consciente de que reaccionaba bajo la embriaguez del orgullo herido.

Muchos entre los ángeles siguieron doblegándose ante la imagen del Crucificado. De inmediato multitudes rehusaron seguir escuchando al Rebelde, volvieron la espalda a Lucifer y miraron la revelación de Jesucristo reconociéndolo como futuro Rey; mientras las palabras malditas de la rebelión seguían resonando como un eco en los corazones de todos los ángeles. Un eco que hacía daño a unos, un eco que deseaban borrar otros. Pero un eco que ya no desaparecía”.