¿Mandalas cristianos? Cuidado con esta práctica New Age

Seguramente en algún supermercado o librería (¡también en las católicas!) ya te habrás topado con los populares Mandalas, esos dibujos llenos de líneas simétricas para colorear y que supuestamente alivian el estrés. ¿Pero sabías que al igual que el yoga tiene un trasfondo esotérico y que al usarlos se corre el riesgo de caer en el sincretismo o relativismo religioso?

Si quieres saber más sobre sus peligros para el cristiano, te invito a leer este post.




¿Cuál es el origen de los Mandalas?

Los Mandalas tienen su origen en la tradición hinduista y budista. Muy por el contrario de lo que muchos creen, no son meras líneas abstractas para colorear sin ningún significado, sino que tienen un trasfondo espiritual relacionado con esas culturas.

Los mandalas son creados para que quien lo coloree “ordene” su caos interno, muy al estilo de otras prácticas New Age como el yoga y va en total contraposición con los principios cristianos que propone una sola paz verdadera que viene de Cristo y no basada en ciertas posturas corporales o el coloreado de figuras.

Coloreado de Mandala luego de una limpieza con Yoga en un templo budista en Kathmandu, Nepal.

¿Se puede separar el Mandala de su trasfondo espiritual?

Eso no es posible. Es como si alguien intentara rezar el Rosario sin pensar en María. Las prácticas orientales están íntimamente ligadas con su cultura y no hay forma de practicarlas sin entrar de alguna manera en ese mundo con todo lo que ello implique.




¿Entonces por qué existen los “Mandalas Cristianos”?

Lamentablemente hemos bajado al guardia y sin darnos cuenta muchos de nuestros hermanos han introducido en la Iglesia (probablemente sin conocer los peligros) muchas prácticas ajenas a nuestra fe. Hace poco veía, por ejemplo, como un popular sacerdote americano promocionaba con orgullo “Los pensamientos de Santa Teresa en Mandalas” ¡Casi me caigo de espaldas!

El Papa Francisco dijo durante de la JMJ en Brasil que “no tomemos licuado de fe”, es decir que no mezclemos las cosas mundanas con las cosas de Dios. ¡Seamos cristianos coherentes con nuestra fe!