¿Por qué las católicas millenials están volviendo a usar Mantilla en Misa?

Cuando la antes concursante de “America’s Next Top Model” Leah Darrow se encontró con mujeres jóvenes en su comunidad católica poniéndose velos o mantillas en sus cabezas al entrar a la iglesia, se espantó un poco. Habiendo regresado a su fe después de una experiencia mística durante una sesión de fotos para una revista que la convenció de dejar atrás el modelaje, Darrow iba en serio con el catolicismo – pero estaba cautelosa con una práctica que como mínimo consideraba anticuada.

“Pensé ‘¿Alguien las obliga a hacer esto? ¿De qué se trata?’” dice Darrow durante una llamada.

Ya que la práctica de que las mujeres se cubrieran la cabeza en los espacios de culto católico era la norma, pero fue abandonada en su mayoría durante los 60s, Darrow tenía incertidumbre sobre qué podría significar que las mujeres llevaran velos durante la segunda década del siglo XXI. Pero el hecho, de que sus compañeras de velo fueran “chicas normales” con las que podías tomarte un vaso de vino, pero también muy devotas” hizo que Darrow.

“Había algo atractivo para mí en la vida que ellas vivían y en cómo rezaban,” dice Darrow. Después de investigar más sobre la historia y el significado del uso del velo en la tradición católica, Darrow decidió intentarlo. “Definitivamente soy una chica femenina, así que llevar un velo bonito sonaba un poco divertido”, se ríe.

“Hay un nuevo levantamiento en la Iglesia de ‘millennials’ que de hecho buscan un enfoque más tradicional en su fe,” dice. Esto contrasta con las mega-iglesias protestantes que aprovechan la ropa casual y las conexiones con celebridades para mantenerse relevantes.

A diferencia de los hiyab o yarmulkes, los velos Católicos solo se usan en espacios de adoración y se quitan después de salir de la iglesia. Foto: @salvemariasm / Instagram

Samantha Skinner, una profesora de ciencias de bachillerato en Dakota del Norte, es una católica ‘millennial’ interesada en un regreso a la tradición. Criada como protestante pero sin ir regularmente a la iglesia hasta que se convirtió al catolicismo en la universidad, Skinner comenzó a llevar un velo a misa cada semana antes de siquiera completar las clases necesarias para formalizar su conversión. Una conversación con una amiga que trabajaba en una “librería santa” convenció a Skinner de intentar la práctica ella misma.

“Como que resonaba conmigo,” dice durante una llamada. Para Skinner, el atractivo del velo fue inicialmente emocional: La hacía sentirse humilde y reverente, como quitarse un sombrero durante el himno nacional o un funeral, y la hizo más capaz de concentrarse en la oración.

Otras católicas jóvenes, como la residente de Ohio de 24 años Forest Hempem, han escogido adoptar el velo después de profundizar en las ramificaciones teológicas de la tradición. Una conferencista teológica aspirante que da charlas sobre la castidad a jóvenes y trabaja para una organización católica sin fines de lucro en Cincinnati, Hempen se enamoró del velo al estudiar la teología del cuerpo articulada por su “santo admirado” el Papa Juan Pablo II.

Para Hempen, los velos representan una gran variedad de cosas: una manera de emular a la Virgen María que portaba velo, una experiencia con la “feminidad auténtica” que pone a las mujeres aparte como portadoras de la vida especialmente bendecidas y un recordatorio de que ella y todos los miembros de la iglesia deben considerarse a sí mismos esposas en un matrimonio simbólico con Jesús, a quien la Biblia a veces describe como un novio.

Hempen también hacen eco de las palabras de Skinner y Darrow sobre la conexión que los velos tienen con la humildad y con la belleza. Aunque ella reconoce la aparente contradicción al decir que la misma prenda puede elevar y rebajar al mismo tiempo, ella ve la tensión entre ambas como algo con lo que vale la pena vivir.

“Es paradójico; las mejores cosas de la vida lo son,” dice Hempen en una llamada telefónica. “Solo puede ser colocado en perfecto balance si estás en esto por las razones correctas y si tienes una relación con Dios. De otra manera, se vuelve una cosa de ‘mira qué llamativa soy, o mira qué santa soy’.”

Algunos católicos en ciudades grandes de la costa como Nueva York, donde las iglesias suelen ser más liberales tanto como en ideología como en política, puede que nunca vean el velado que se está volviendo más y más común en el medio oeste de los EE.UU. Grace Carney, una diseñadora para mujeres para los diseñadores Public School que creció en la iglesia católica en Minnesota y que ahora va a Reina de Todos los Santos en Fort Greene, confirma la idea de que la práctica varía entre regiones.

Fuente: LiturgiayTradicionCatolica.wordpress.com