5 razones por las que prefiero ir a Misa Tridentina

Conocer la Misa Tridentina es una de las cosas más valiosas que Dios me ha regalado en los últimos años. Y no es que me no me guste la Misa reformada… ¡me encanta! pero hay cosas que solo puedo vivir en la antigua forma de la Misa que sencillamente amo. Aquí te comparto algunas de ellas.

Nota: 

Misa Tradicional = Misa Tridentina = Misa Antigua = Forma extraordinaria del rito romano.
Misa reformada = Misa Moderna = Misa Nueva = Forma ordinaria del rito romano.

1) No entender latín

Cuando digo que me gusta la Misa Tridentina, suelen preguntarme “¿cómo te puede gustar esa Misa en latín? ¿acaso sabes latín?”. Pues claro que no sé latín, no entiendo todo lo que dice el sacerdote… ¡y eso me ayuda mucho!

Las veces que asisto a una Misa reformada, me es más fácil prestar atención a las palabras: las oraciones del sacerdote, las lecturas, las peticiones, la homilía, etc. En cambio, cuando voy a una Misa Tradicional, lo sencillo es prestar atención al misterio, que es lo principal de la Misa.

En cada Santa Misa se renueva el sacrificio de nuestro Señor, estamos a los pies del calvario junto a María, el discípulo amado, la Magdalena y una corte de ángeles maravillados por el milagro de la Pasión del Señor. Eso en toda Santa Misa ¡incluso en la más “festiva”!

Cuantas veces olvidamos que la Misa es un sacrificio porque precisamente nos distraemos con las palabras que deberían ayudarnos a comprender mejor lo que pasa. Parece contradictorio, pero suele ocurrir. Ya ven que muchos piensan que la Misa es una fiesta muy alegre, o más cosas equivocadas por el estilo.

2) El silencio

La Misa reformada por el Concilio Vaticano II tiene sus momentos de silencio que muchas veces no son respetados (por ejemplo, luego de la Comunión). En cambio, la Misa Tradicional tiene largos momentos de silencio gracias a que el sacerdote reza en voz secreta. ¡Hasta las palabras de la consagración son en voz baja!

Por alguna razón nos hemos habituado a tenerle algo de antipatía al silencio. El coro siempre tiene que estar cantando algo, el sacerdote siempre tiene que estar diciendo algo, si el sacerdote se calla porque está limpiando los vasos sagrados una doña toma el micrófono para dar los anuncios parroquiales… ¡no hay espacio para el silencio!

En Misa Tradicional eso no existe. Todo es silencio, los cantos son susurros, las mayor parte de las oraciones son en voz secreta. En verdad sientes que estás a solas con Dios.

3) Las oraciones al pie del altar

Nunca terminaré de entender por qué quitaron estas oraciones luego del concilio. En Misa Tridentina, antes de que el sacerdote suba al altar, reza una oración que se divide en 4 partes: Introibo, Salmo 42, acto de contrición y absolución.

Comienzan así:

– Entraré al altar de Dios.
– Al Dios que alegra mi juventud.

Luego sigue el Salmo 42, que dice “Envíame tu luz y tu verdad: ellas me han de guiar y conducir a tu santo monte, y a tu morada del Cielo”.

El acto de contrición tal vez lo conoces, es el “Yo pecador”. Pero en el “Yo pecador” moderno es un resumen del antiguo y lo rezamos junto al sacerdote. En cambio, en Misa Tradicional se rezan 2 “Yo pecador” más extensos. Primero el sacerdote y luego los fieles. Y luego el sacerdote pide clemencia por los fieles, y lo fieles por el sacerdote.

“Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra,  por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor”.

4) Comunión solo de rodillas y en la boca

Estoy completamente convencido que no puedo recibir a mi Señor de ninguna otra manera que no sea de rodillas y en la boca (y en estado de gracia). Me duele profundamente ver cómo en muchas Misas se reparte la Eucaristía en las manos de los fieles y luego estos, probablemente con partículas del Cuerpo de nuestro Señor todavía entre sus dedos, tocan algún otro objeto dejando en ellos partes de lo que solo debe ser consumido. Es posibilidad no existen en Misa Tridentina, en la que solo se puede comulgar directamente en la boca.

Ver: 5 razones por las que es preferible comulgar en la boca (y no en la mano)

5) Evangelio de San Juan al final de cada Misa

Luego de la bendición final, en Misa Tridentina se suele leer el prólogo del evangelio según San Juan. Es un precioso recordatorio de la divinidad de Jesucristo, aquel que acaba de renovar su sacrificio sobre el altar y el que ha ingresado a nuestro cuerpo en la Comunión. Que hermoso es salir del templo con la conciencia de que no hemos recibido a un simple hombre, ni siquiera a un gran profeta, sino a Dios Hijo.

“En el principio existia el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Por El fueron hechas todas las cosas: y sin El no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En el estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres: y esta luz resplandece en medio de las tinieblas , mas las tinieblas no la recibieron. Hubo un Hombre enviado de Dios, que se llamaba Juan. este vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por el todos creyesen. No era el la luz, sino el que debía dar testimonio de la Luz. (El Verbo) era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo no le conoció. vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dioles potestad de llegar a ser hijos de Dios: los cuales nacen no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios. Y EL VERBO SE HIZO CARNE (genuflexión) y habitó en medio de nosotros: y nosotros hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

Por cierto, solo pongo 5 razones para no extender mucho el artículo… ¡pero podría escribir muchiiiiiiiisimas más!